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Incendios Verano 2003

Crónicas Especial Incendios de Verano 2003

A las 11:30 del Domingo 3 de Agosto nos levantamos, despertados por el ruido de las sirenas (algo inpensable aquí que jamás habíamos oído) de los coches de policía y el ruido de los aviones y helicópteros que realizaban las tareas de extinción a duras penas, debido a las turbulencias que provocaba la diferencia de temperatura entre el suelo y el aire.

Sacamos las últimas fotos en Las Huertas de Cansa. El fuego amenaza con superar las peñas del Puerto Pino. A estas horas la temperatura asciende ya a 35º y el viento del Sur sopla a unos 60 Km/h. La gente observa atónita la gran columna de humo que asoma en el horizonte, detrás de las peñas de El Pino. El ruido del fuego se escucha nítidamente. No se ven todavía las llamas pero el ruido te hace sentir que detrás de la montaña todo se está achicharrando. Son las 12:00 del mediodía y parece que está anocheciendo. El humo lo invade todo. En pocos minutos el ambiente se hace irrespirable, el fuego avanza muy rápido y sin control.

Todavía queda gente en el Área de Descanso contemplando impotentes como avanza el incendio que ya está a medio kilómetro escaso. Los dueños del Bar del Área de Descanso y demás personas como Joaquín Nieves, rescatan a contrareloj las yeguas, mulas y ponys de sus respectivas fincas.

El fuego avanza con una velocidad vertiginosa y en pocos minutos vemos como se cuela por un lateral de las Peñas de La Portilla. Rápidamente se extiende por el aire hacia los pinos y eucaliptus del otro lado de la carretera N-521 en Los Dos Carriles. Mientras, la policía local, el ejército y la Guardia Civil, evacúan Las Huertas de Cansa a toda prisa, sin el consentimiento de algunos vecinos, que bajo amenazas de multa, hacen caso omiso a las autoridades y se quedan en sus casas y/o fincas para defender sus pertenencias. Son gente curtida en la naturaleza y sabia que saben muy bien lo que tienen que hacer y no se resignan a abandonar 'lo suyo'. En pocos minutos el pueblo arde y el fuego pasa con tanta rapidez que hay zonas que quedan indemnes. La Rivera de Avíd, los retenes de bomberos disponibles y los habitantes que se quedaron defendiendo sus pertenencias, consiguen que no se queme ninguna casa en Las Huertas de Cansa, exceptuando una del Camino Viejo que, aún estando abandonada, nunca debieron dejar arder por el peligro que suponía para casas colindantes y porque no se puede consentir que se queme una casa aunque esté abandonada. El frente del incendio pasa rápidamente por Las Huertas pero todavía quedan focos activos muy peligrosos, como castaños y robles ardiendo que provocan otros pequeños incendios. El frente del incendio sigue su camino hacia Valencia de Alcántara.

A las 12:15 estamos montados en el coche de camino hacia Valencia de Alcántara. Huimos evacuados por culpa de las llamas. Algunos pocos, sin embargo se quedan en Las Huertas defendiendo lo suyo, y exponiendo su vida, no ya por el fuego (que pasó muy rápido y dentro del pueblo las llamas eran pequeñas), pero sí por el humo que hacía irrespirable el aire.

Estamos ya en Valencia, hemos comido en casa de unos amigos (quien más, quien menos tenía donde alojarse), pese a que el Ayuntamiento había habilitado el Polideportivo para dar comida y cobijo a los evacuados. Encendemos la TV para ver los Telediarios, éstos abren con el incendio como primera noticia, ansiosos de información y para saber qué sucedía con el fuego, qué había pasado con lo que ya estaba quemado y como estaba la situación en ese momento. Después de comer, a las 15:30 oímos un mensaje por un altavoz en la calle desde un vehículo. Era Victor José Pérez, dueño del Hotel El Clavo de Valencia de Alcántara, que recorría todo el pueblo con un altavoz atado a su furgoneta diciendo: "Atención, atención. Se necesita gente jóven que acuda a la estación de autobuses a recoger palos y mascarillas".

Nosotros también vamos. Cientos de personas acuden a la estación de autobuses de Valencia de Alcántara, llamados para ejercer de voluntarios contra las llamas. Dos autocares llenos a rebosar de voluntarios/as de todas las edades, parten camino a los focos del incendio para intentar sofocarlo o almenos desviarlo para que no entre en la localidad. Ninguno de nosotros sube a los autocares, no llevamos ropa adecuada con los pantalones cortos y además, parece una medida deseperada, suicida y tardía, porque eso ya lo tenían que haber hecho cuando el fuego estaba todavía en Portugal. Si se hubieran tomado medidas antes esto nunca hubiera ocurrido. La mala organización y coordinación impide la voluntariosa actuación de la mayoría de personas que habían acudido a ayudar. Los soltaron en la carretera, a 4 Km. de Valencia, con unas cuantas mascarillas que eran insuficientes y sin ningún otro tipo de ayuda. Ésto, las vestimentas de la gente, casi toda en mangas y pantalón cortos, obligan a los voluntarios, desorientados sin saber que hacer, a subirse de nuevo al autocar y volver a la estación sin poder hacer nada.

Mientras, otro incendio amenaza la zona norte del pueblo por la carretera de San Vicente de Alcántara. El pueblo está rodeado por los incendios y el humo invade el ambiente, en ocasiones irrespirable según la orientación del viento. El Sol se ve apenas, como un círculo naranja chillón en lo alto del cielo. La cortina de humo no deja pasar casi los rayos del sol. (--> Sigue en Crónica 5)

 

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