
"Nos encontramos con 15 Km. de fuego, tres lenguas bajando por la montaña, con viento cambiante de 60 Km/h, una humedad del aire del 12 por ciento y en una zona agreste y de bosque. ¿Qué haces? ¿Qué pones? ¿Dónde lo pones?", dice Javier López Iniesta. "Yo dije que no dejaran acercarse a nadie al fuego. Salvaguardar la vida de las personas era lo más importante pero la gente no accedía a abandonar sus pertenencias y algunas personas de las que evacuávamos volvían a sus casas y fincas burlando a las autoridades". El fuego no era afrontable ni para los bomberos profesionales. Las llamas en zonas de matorral alcanzaban los siete metros de altura. "Un fuego normal se puede parar como lo hemos hecho siempre la gente del campo. Yo también he cogido escobas para apagar fuegos. Pero éste no era normal. Vi arder en 30 segundos un alcornoque de 200 años. Los árboles explotaban como antorchas. Esto es una excepción, aquí y en toda España", comenta Javier López Iniesta. (--> Sigue en Crónica 4) |
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